La cuarta característica que aleja al público general
(acostumbrado a música popular) de la música clásica es la más obvia y yo creo
que la más importante. Repetidas veces es considerada en este blog y no me
queda más que recordarla.
4. Las “formas” de las obras de música clásica (sinfonías,
concertos, óperas) tienden a ser más
extensas y densas que la forma única de la música popular (canción).
El impacto de toparse
por primera vez con un producto musical tan grande y complejo (como una
sinfonía) cuando uno está acostumbrado a canciones de 4 o 5 minutos, es brutal.
El problema radica en que la idea de canción está firmemente ligada al concepto
música, de tal manera que muchas personas al explorar “nueva música”, siempre
esperan un producto sonoro de unos 4 o 5 minutos. Depende de las personas, que
tan fácil será generar una nueva abstracción para el significado de “sinfonía”
por ejemplo, o bien, poder entender la idea de que la música tiene distintas
formas.
Pienso que se puede hacer una analogía (con sus
limitaciones, claro) para visualizar este problema (la persona que consume
música popular y que se enfrenta por primera vez a una sinfonía).
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Imagínese a un individuo que durante toda su vida se ha alimentado
con canapés. Sí, pequeños bocadillos que puedan venir con distintos
ingredientes, es decir, con distintas variantes de estilos donde seguramente
tendrá sus preferidos. Estos canapés pueden ser muy simples, dulces, salados o
muy elaborados, pueden llegar a ser grandes creaciones artístico-culinarias,
pero teniendo aún las dimensiones de un canapé, el cual puede devorarse de un
bocado. Este individuo bien puede pasarse el resto de su vida alimentándose de
esta manera, porque todo lo que su cuerpo necesita podrá encontrarlo en uno u
otro estilo de bocadillo. El podrá comer
cuanto él apetezca, únicamente variando el número de canapés que consuma. Para
él, alimento = canapés; comer = abrir la
boca, introducir el canapé, cerrar, masticar, disfrutar, tragar.

Llega un momento, en que a este individuo le ofrecemos un “nuevo
alimento”, y el dirá “claro, me gusta explorar nuevas variedades”. Pero lo que
él no dirá, es que para él, alimento = canapés. Si presentamos entonces esto…

Bueno, nosotros sabemos que es alimento, tal vez el
individuo en cuestión sabe que es alimento también, sabe que otras personas
dicen que es muy bueno, mientras que otros dicen que “no es para todos”. El
individuo ha escuchado incluso que es mejor alimentarse así. Pero
inconscientemente él se estará preguntando ¿qué será esto? ¿un bocadillo enorme?
¿Será que puedo inmediatamente alimentarme de ésto? La respuesta es no, porque
lo que hace el individuo para alimentarse es abrir la boca y esperar que el
alimento entre en un solo bocado para masticarlo y tragarlo. En este caso, él
puede abrir la boca pero no podrá consumir el producto. Tal vez la lengua
alcance a sentir un poco del sabor y así pueda decir “oh sí… sabe bien”, pero
en realidad no llega a consumir este alimento. Y no se trata de que él
simplemente “no puede” alimentarse de esto, lo que pasa es que no se ha dado
cuenta que tiene a su disposición, utensilios que sirven para comer.

Tal vez
tarde un poco para acostumbrarse a su uso, tal vez necesite ayuda para aprender
a usarlos, pero llegará a comprender que estos grandes alimentos tienen que
comerse de una manera diferente a como se comen los bocadillos.
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Espero que el lector haya comprendido la idea en esta
analogía, sobre todo la manera en que represento:
- La existencia de diferentes géneros musicales de
música popular.
- El hecho de que una persona podría vivir sin
problema, sin escuchar música clásica.
- El hecho que sucede, cuando ciertas personas
escuchan un concierto de música clásica y dicen “que hermoso”, aunque no lo
hayan disfrutado como hubiesen disfrutado un concierto de música popular.
- El hecho, de que todos pueden aprender a
disfrutar de formas grandes de música, pero puede llevar tiempo.
- El hecho, de que escuchar música clásica no es
lo mismo que oír música popular. (Diferencia entre escuchar y oír).
En un concierto de música popular, se ofrece una serie de
canapés. En un concierto típico de música clásica generalmente hay una entrada,
una sopa, un plato muy fuerte y si aplaude uno suficiente, un pequeño postre
(jejeje). La música clásica tiene también sus canapés (canciones) y hasta éstos
son bastante diferentes de aquellos en la música popular, pero por el momento
ya fue suficiente con esto de la comida… empezarán a salir las limitaciones de
la analogía y me comienza a dar hambre.
Hace mucho tiempo vi que en un blog, la autora escribió sobre
comprometerse a escuchar música clásica. Ella mencionó que como para la mayoría
de las personas, había algo en la música clásica que le hacía difícil su goce y
remarcó el hecho de que “¿Acaso no podemos mantener la atención durante más de
5 minutos en la música?”, haciendo referencia claro, a la forma musical. Aparentemente,
el problema solo se resolvería con mantener la atención más tiempo y así todo podría considerarse como
una canción grandota (o una canción de canciones), pero en realidad no es así. Forzarse a mantener simple
atención sería como abrir más grande la boca para introducir algo que no es un
bocadillo; en realidad no se trata de una “canción grande”. Al inicio escribí
que las formas de la música clásica son más extensas y densas. “Densas” es un
adjetivo difícil, tal vez otros hubieran escrito “complejas”. El punto que
quiero señalar es obvio: el obstáculo de la forma no es únicamente la duración
de una obra musical sino la manera en que la música se presenta. Las melodías
no se repiten tanto, hay grandes frases musicales que no se quedan “pegadas” a
la primera, a veces las melodías ni son importantes… A todo esto es a lo que
muchas personas se refieren al decir que
la música clásica es más “compleja” para entender. Diciéndolo así suena algo desalentador;
pero como he venido diciendo, en realidad, todo se trata únicamente de aprender a utilizar
los utensilios que todos tenemos a nuestra disposición para poder “consumir
esta forma di-fe-ren-te de alimento”.